La falta de acuerdo entre los republicanos y los demócratas puede llevar al país norteamericano a padecer un drástico ajuste en los presupuestos de cerca de 1,2 billones de dólares durante los próximos diez años.Estos recortes, cuyo impacto será desigual en los diferentes Estados según el área económica afectada, nacen de la falta de consenso de 2011 entre ambos partidos, que llevó a crear la figura del `secuestro´ como medio de presión. Este `secuestro´ se basa en una serie de recortes automáticos que deberá llevar a cabo el presidente Obama en caso de que no se llegue a un acuerdo con los republicanos antes del 27 de marzo, fecha en la que el Gobierno agota su financiación. Obama quiere aprobar un nuevo presupuesto federal con el fin de evitar que entre en vigor dichos recortes, y así minimizar los ajustes pactando con los republicanos, quienes rehúsan aumentar los impuestos a los ricos, y exigen al presidente recortes en programas públicos.
El Partido Republicano, que disfruta de mayoría en la Cámara de Representante, se encuentra en un `tira y afloja ´ con el Gobierno. Con la posibilidad de bloquear proyectos de ley, tienen la llave para resolver este conflicto, aunque para ello deberán dejar de lado las diferencias ideológicas y los revancheos políticos. Alguien tendrá que ceder en contra de sus intereses, aunque lo que está claro es que, como bien dice Obama, `` no se puede gestionar el país mes a mes, crisis a crisis´´. El presidente tiene razón: un país de la importancia y tamaño de Estados Unidos no se puede gestionar dejando los deberes para el último día. En un momento de máxima inestabilidad económica, el consenso y la unión deben ser el camino para enderezar el rumbo. Plantearse guerras ideológicas en este sentido es algo inútil y dañino, no sólo a la hora de afrontar negociaciones políticas, sino también como medio de calmar a los mercados y evitar que otras economías maltrechas sucumban al desacuerdo entre republicanos y demócratas, cuya falta de entendimiento no sólo podría desembocar en unos ajustes dramáticos para su economía, sino fatales para el resto del mundo. El temido abismo fiscal renace en un preocupante abismo ideológico. El debate en torno al `secuestro´ está abierto. Los mercados están al tanto para tomar o no la palabra. Europa mira expectante a Estados Unidos.